FUNDO PUNTIAGUDO

X Región de Los Lagos – Chile

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Club Perros de los Andes sigue cosechando éxitos

Diario Austral de Temuco

Martes 27 de enero de 2009

La expedición Marmolejo se convirtió en uno de los grandes logros del club regional en los últimos tiempos.

Cristian Alberto Orias
El club de montaña Perros de los Andes sumó grandes triunfos durante la última temporada. Fueron varias cumbres las que lograron escalar los integrantes de la agrupación y ahora, con nuevas metas, ya comienzan a diseñar lo que serán sus próximos desafíos en esta exigente disciplina.

Monte Tronador, Cerro Plomo, Volcán Tolhuaca, Puyehue, una expedición a la Cordillera Real de Bolivia y un curso de Travesía en Glaciar y Rescate en Grietas, fueron principales las actividades del club durante el primer semestre. Todas las expediciones tuvieron un alto grado de dificultad, pero la preparación de los deportistas fue clave para la obtención de los resultados esperados.

Temporada invernal

Durante la temporada invernal, el club organizó numerosas salidas orientadas a mejorar el nivel de ski y randonee. Ascensos a volcanes regionales y una travesía circular Invernal del volcán Lonquimay en raquetas, fue sólo la antesala de un año lleno se satisfacción para estos “perros de la nieve”.

En septiembre vino lo más destacado. Cinco miembros del club se olvidaron de las cuecas y las empanadas para dirigirse al mítico y poco visitando volcán Puntiagudo, ubicado al interior de Osorno y cuya cumbre representaba un importante desafío técnico.

Fueron cuatro días de ardua actividad hasta que consiguieron la complicada tan anhelada cumbre

La expedición 2009

La expedición Marmolejo era el primer gran desafío para este grupo de deportistas. La cumbre limita con el cielo a seis mil 109 metros de altura, lo que se transformaba en un arduo desafío físico y sicológico.

Sin embargo, estos antecedentes no fueron un impedimento para Claudio López, Paulo Valdivia, César Ibáñez y Marco Poblete, quienes participaron en la expedición más complicada de los últimos tiempos para el club temuquense.

El frío extremo y la altura fueron solamente algunos de los elementos que tuvieron que combatir durante diez largos días, hasta conseguir la preciada cumbre, una más para este activo club regional.

Para el presente año el club tiene proyectados algunos cursos y ascensos en lugares lejanos como la Cordillera Blanca del Perú. Además, se está desarrollando una instrucción de escalada en roca para sus miembros en las inmediaciones de Pucón, lo que significa un gran gasto para un grupo de deportistas que no cuentan con el todo el apoyo que esperan de las empresas privadas.
 

http://www.australtemuco.cl/prontus4_noticias/site/artic/20090127/pags/20090127060308.html

Temible atracción

EL MERCURIO

 DEPORTES

Sábado 19 de Junio de 2004

Temible atracción

Mauricio Purto

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Fundo Puntiagudo

Entre los lagos Rupanco y Todos los Santos, el cerro Puntiagudo se yergue altivo, como ninguno en la región prepatagónica chilena. Escarpado y magnético como el Cervino de los Alpes, también resultó épica su primera ascensión, un 8 de septiembre de 1937, a manos y pies de Rodolfo Roth y del experimentado guía suizo Hermann Hess. Épica y legendaria. Porque en el descenso, remedando la historia de Whymper y los suyos en el blasón de los Alpes, Roth resbaló, arrastrando a su compañero… La cuerda que los unía no contuvo la caída y se cortó, y mientras Hess, herido, salvó de milagro, Roth cayó al abismo…

A la sombra de este dramático y legendario ascenso, el segundo ataque al enhiesto Puntiagudo es casi ignorado por los andinistas. Protagonizado por los germano-chilenos Jorge Köster, Werner Hohf y el asiduo escalador Ernesto Hoffmann, pionero en las cumbres del Castillo, del Catedral y del Nevado Sin Nombre, entre otras. De ellos, fue el primero, afable cuidador del historial andino, quién dejó detalles y estupendas fotografías de la segunda visita a la cima del Puntiagudo… Corría diciembre de 1945:

“Siempre nos había impresionado el Puntiagudo por su singular belleza y dificultad para escalarlo, rodeado de los lagos más hermosos de la Décima región.

“Supimos de los numerosos intentos para escalarlo hasta que finalmente fuera vencido por Roth y Hess, cobrando sí un precio alto: la muerte del primero, salvando milagrosamente el otro.

“Analizamos las causas y optamos por intentar el lado poniente, expuesto tardíamente al sol, con lo que las avalanchas comienzan a mitad de la mañana, siendo indispensable salir de noche del campamento.

“Partimos Ernesto Hoffmann y yo a caballo desde el fundo Puntiagudo, cruzando el tupido bosque hasta el comienzo de la nieve. Desde ahí a pie hasta un poco más abajo de la cruz instalada en la cresta oriente, en memoria de Rudy Roth. Aquí levantamos nuestra carpa. Al atardecer apareció Werner Hohf, administrador del fundo Chilcon… para observar nuestra ascensión. Le ofrecimos que nos acompañara en la aventura, lo que aceptó gustoso.

“Partimos a las 3 A.M. en completa oscuridad cruzando el ventisquero norte, que cae en dirección del lago Rupanco, lo que fue bastante desagradable ya que zumbaban los peñascos que pasaban a nuestro lado sin que pudiéramos verlos. Tuvimos suerte de no haber sido alcanzados.

“A las 5 A.M. cuando estaba aclarando nos encontramos a los pies de La Torre. Comenzamos a escalar por el flanco poniente, trabajando exclusivamente en hielo, con pendientes de hasta 60 grados. Ascendimos un tramo por una canaleta que daba una caída vertical de alrededor de 600 metros. Al final de la canaleta pudimos desviarnos al sur, para llegar al planchón triangular de hielo, que habíamos observado desde el lago Todos los Santos”.

La cumbre era un hecho resuelto… pero considerando a sus predecesores, sólo lo sería cuando estuvieran de vuelta en el bosque. Allí podrían empezar a contar la historia, su historia del Puntiagudo. Y así fue…

A treinta y cuatro horas de partir del fundo Puntiagudo, Köster, Hoffmann y Hohf llegaban sanos y salvos al punto de partida, bañados por el sudor y la lluvia, y seguro por esa exquisita sensación de elación que les regalaba la cumbre… herederos como nosotros del poder y la libertad de las montañas; y su temible atracción.

Mauricio Purto


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Puntiagudo: El ascenso y cumbre de 1956

1949-desdeelpuntiagudo01Logré que me resumieran brevemente el ascenso del volcán Puntiagudo por parte de mi abuela Ruth, hoy de 94 años de edad.

Corría el año de 1956 (mi abuela Ruth Koch tenía en ese entonces 43 años) y los Marmillod la entusiasmaron a escalar varios cerros de la Zona. Mi abuelo Carlos Franck U. no estaba tan entusiasmado con la idea, ya se veía viudo con tres niños. Igual la convencieron y partieron los tres: Dorly,  Freddy y mi abuela Ruth a escalar el Puntiagudo.
Debo agregar que mi abuela no tenía zapatos apropiados y el “Cholo” (uno de los trabajadores del fundo) le improvisó unas suelas con una rueda de tractor a unos zapatoncitos de cuero que tenía a modo de refuerzo (ese detalle lo tenía casi olvidado y según lo que me dice mi madre esos zapatos aún están en el Fundo). Se fueron en Jeep hasta la lechería Nº5 y partieron por el Alersal nuevo. Armaron campamento donde comenzaba la nieve, se tomaron un caldo bien caliente y se fueron a dormir. A las 6 a.m. del día siguiente partieron a hacer cumbre.
Fredy a la punta, luego mi abuela Ruth y Dorly al final del grupo. Fredy propuso acortar camino yéndose por el ventisquero del lado izquierdo, pero al llegar a la cumbre del ventisquero se dieron cuenta que no podían continuar camino. Tuvieron que regresar y emprender la subida por el otro lado, el lado norte.

“Cerro de merde”, repetía Fredy Marmillod.

Continuaron rodeando el cerro y llegaron a una parte donde rodaban y rodaban piedras. “Pasen rápido entre rodada y rodada” ordenaba Fredy.
Por fin llegaron por el lado norte a una especie de chimenea. “Hay que subir aquí” decía Fredy.
“¡Yo jamás había subido por una chimenea!” menciona mi abuela Ruth en su relato.
Subieron encordados. Llegaron a la parte rocosa.
¡Tenían solo dos piolet para los tres, y Fredy dejó uno arriba! (¿será costumbre dejar piolet en las cumbres conquistadas?)
Hicieron cumbre en la tarde, tarde ya. Dicen que la vista era espectacular, se veía hasta el mar. Cuando bajaron se les hizo de noche y tuvieron que parar. No les quedó otra que pasar la noche en el ventisquero. Mi abuela Ruth relata:

“Nos amarramos en la única roca que había y ayudados por el piolet de Dorly”

Cuenta mi abuela que jamás había pasado tanto frío. Los Marmillod contaban con  zapatos impermeables y ella no. Dice mi abuela Ruth que fue una noche infernal. Caían rocas de arriba y pasaban al lado de ellos. Ante esto Fredy decía que el sector en que se encontraban era muy peligroso por el constante rodar de rocas por lo que propuso cambiar el lugar de descanso más hacia la izquierda donde había mucho menos lugar para los tres y por lo tanto era tremendamente incómodo. Sentados así en el ventisquero, mi abuela se abrazaba a Fredy. “Apenas despuntó el día le dije, Fredy, nos vamos.

Descendieron muy lentamente ya que mi abuela no sentía sus pies, además los consumía una sed loca… “todavía veo a Fredy derretir agüita de la nieve”.

Al regreso había que bajar una pared vertical, bajó Dorly, bajó a mi abuela y después iba Fredy.

“Fredy hizo un rapel, para bajarme a mí,  dando una vuelta a la única cosa firme que había en el cerro. Me bajó lentamente y después se bajó el mismo. Llegamos al campamento base, dormí y ronqué hasta que me despertaron con un caldo caliente.”

No llegó la gente a buscarlos a caballo y siguieron a pie hasta el Jeep. Se sacaron los zapatos, pero no así mi abuela porque sabía que nunca volvería a ponérselos. Ya en casa se dio cuenta que al meterse en la tina de baño que todas las uñas de sus pies estaban negras, las había perdido todas a causa del frío.

Breve relato de mi abuela Ruth Koch de Franck, una de las que logró llegar a la cumbre del volcán Puntiagudo junto al matrimonio Marmillod en el verano de 1956.

Otro registro de cumbre años 1968 – 1969

Comenzaré con la ascensión de los gringos.

Mi tía dice que cree que eran tres, todos del Peace Corp (era una manera de que no te enviaran a Vietnam).
Recuerda a Michael Mullin, Jim Bellamy y un tal Robert.
El año: 1968, 1969.
Cuenta que partieron desde el Fundo Puntiagudo, todo lo que llevaban en sus mochilas lo pusieron en bolsas plástica s pues según ellos tenían que cruzar el río hundidos hasta la cintura.
Hicieron cumbre y dejaron plantificada una bandera negra de puro anarquistas que eran.
Tiene la sensación de que mencionaron que habían encontrado un piolet arriba pero no lo puede asegurar.
Comentaron que era un cerro extremadamente difícil de escalar porque por cada dos pasos que avanzaban retrocedías tres para atrás. Pura piedra suelta.

Relato proporcionado via e-mail por una tia.

Recuerdo que (contaba con 4 o 5 años de edad) cuando compartimos la mesa con unos gringos que llegaron con equipamiento de montaña muy moderno para esa época (según lo contaban mis padres). Recuerdo también una mañana en que nos hicieron señales desde la cumbre del Puntiagudo.

Logré dar con algunos datos de Jim Bellamy y que coincide con la fecha que estuvo en Chile:

http://peacecorpsonline.org/messages/messages/467/1011480.html

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