Un viaje en tren 3
Amanece, los vidrios están húmedos, el tren sigue moviéndose, los primeros rayos de sol se asoman tímidamente de entre las cerros, una neblina baja y penetrante cubre gran parte de los campos a esa hora, por el pasillo escuchamos pasar al encargado de avisar los turnos del coche comedor anunciando el horario del desayuno. Me visto, tengo frío pero es momentáneo ya que han encendido la calefacción del carro. La locomotora resopla y se interna en la neblina espesa, es un espectáculo extraño: rayos de sol intentan introducirse y crean un ambiente irreal, al disiparse la niebla otro panorama aparece, campos verdes y brillantes a causa del rocío matutino. Nubles blancas surcan los cielos esponjosas como de algodón de dulce mientras cruzamos por algunos caseríos típicos sureños, gente detenida al paso del tren rumbo a sus trabajos, niños en bicicleta, carretas, automóviles, camiones, curiosos, por ambos lados. Voy al carro comedor junto a mi madre para calentar la mamadera de mi hermano Carlos, lo que significa pasar por varios carros distintos: el pullman normal, el pullman japonés, la gente también está despertando, envueltas con sus mantas acurrucados en sus sillones, el olor a huevo con tocino y a café inunda el coche comedor al entrar, está lleno de gente que aprovecha de despejar su sueño. El destino se acerca, el paisaje se vuelve más verde, aparecen montañas nevadas, lagos, ríos de cristalinas aguas, el tren sigue quejándose y rechinando en sus viejas vías. Vuelvo al carro y nos preparamos a tomar desayuno, las camas ya han sido transformadas en sillones, y estamos listos para desayunar como el resto de los viajeros de este tren al sur. (Véase también” Los Prisioneros”)
Tren al Sur
Los Prisioneros
Siete y media en la mañana
Mi asiento toca la ventana
Estación central, segundo carro
Del ferrocarril que me llevará al sur
Ya estas fierros van andando
Y mi corazón esta saltando
Porque me llevan a las tierras
Donde al fin podré de nuevo
Respirar adentro y hondo,
Alegrías del corazón, A ha ha!
Y no me digas ¡pobre!
Por ir viajando así
No ves que estoy contento
No ves que voy feliz
Dos y media en la mañana
El olor se mete en la ventana
Son flores y mis animales, que me dicen:
Bienvenido al sur
Yo recuerdo a mi papito
Y no me importa estar solito
Porque me llevan a las tierras
Donde al fin podré de nuevo
Respirar adentro y hondo
Alegrías del corazón (x2)
Y no me digas ¡pobre!
Por ir viajando así
No ves que estoy contento
No ves que voy feliz
Viajando en este tren,
En este tren al ¡sur! (x2)
Tren al sur (x13)
Es de tarde, y el tren ha dejado de moverse…, la gente asoma sus cabezas por las ventanas, los vagones han dejado de crujir, nos avisan que vamos a tener un atraso de algunas horas por una falla de la locomotora. El sol tiñe de dorado los campos, las vacas pastan tranquilas, el viento agita las hojas de los árboles, muchos pasajeros se bajan y se acercan a los matorrales, oh sorpresa, hay Murras, El tiempo pasa, las aves empiezan a enmudecer, el paisaje cambia bruscamente, un cielo rojo anaranjado nos avisa que el sol se pone en el horizonte, el frío empieza a hacerse notar. Dentro del coche “P”, sentado en departamento 5-6, instalamos la mesa y mis padres empiezan a preparar las onces. Bruscamente el coche se sacude, lo que significa que la ayuda ha llegado. Después de algunos minutos de más ruidos y más sacudones volvemos a iniciar la marcha. Figuras fantasmagóricas comienzan a dibujarse el camino sombras recortadas en el paisaje sureño, la locomotora acelera la marcha para recuperar el tiempo perdido y el sol comienza a ponerse. La noche cae y la vida vuelve al vagón, las conversaciones, la gente mirando por las ventanas, el deambular en el pasillo del vagón, mi hermano Carlos de meses de edad es el que más disfruta ya que el bamboleo del tren lo mantiene tranquilo en su moisés. A cierta hora mis párpados empiezan a pesarme, y el encargado del carro en menos que canta un gallo convierte nuestros sillones en agradables camas de relucientes y coloridas sábanas, un farol ad-hoc lumina ambas literas, es hora de entregarse en brazos de Morfeo, pero me resisto, al final caigo rendido por el sueño esperando despertar rodeado de paisajes sureños de ensueño.
Vacaciones de Verano = lo que más me gustba: Viajar en tren, eso significaba Estación Mapocho, como a las 15:00 hrs en el típico coche dormitario “P”, del hoy inexistente tren “Rápido Nocturno del Sur” que llegada hasta Puerto Montt (lo de rápido era a veces puro cuento).

