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01
Dic
08

Puntiagudo: El ascenso y cumbre de 1956

1949-desdeelpuntiagudo01Logré que me resumieran brevemente el ascenso del volcán Puntiagudo por parte de mi abuela Ruth, hoy de 94 años de edad.

Corría el año de 1956 (mi abuela Ruth Koch tenía en ese entonces 43 años) y los Marmillod la entusiasmaron a escalar varios cerros de la Zona. Mi abuelo Carlos Franck U. no estaba tan entusiasmado con la idea, ya se veía viudo con tres niños. Igual la convencieron y partieron los tres: Dorly,  Freddy y mi abuela Ruth a escalar el Puntiagudo.
Debo agregar que mi abuela no tenía zapatos apropiados y el “Cholo” (uno de los trabajadores del fundo) le improvisó unas suelas con una rueda de tractor a unos zapatoncitos de cuero que tenía a modo de refuerzo (ese detalle lo tenía casi olvidado y según lo que me dice mi madre esos zapatos aún están en el Fundo). Se fueron en Jeep hasta la lechería Nº5 y partieron por el Alersal nuevo. Armaron campamento donde comenzaba la nieve, se tomaron un caldo bien caliente y se fueron a dormir. A las 6 a.m. del día siguiente partieron a hacer cumbre.
Fredy a la punta, luego mi abuela Ruth y Dorly al final del grupo. Fredy propuso acortar camino yéndose por el ventisquero del lado izquierdo, pero al llegar a la cumbre del ventisquero se dieron cuenta que no podían continuar camino. Tuvieron que regresar y emprender la subida por el otro lado, el lado norte.

Cerro de merde

repetía Fredy Marmillod.

Continuaron rodeando el cerro y llegaron a una parte donde rodaban y rodaban piedras. “Pasen rápido entre rodada y rodada” ordenaba Fredy.
Por fin llegaron por el lado norte a una especie de chimenea. “Hay que subir aquí” decía Fredy.
“¡Yo jamás había subido por una chimenea!” menciona mi abuela Ruth en su relato.
Subieron encordados. Llegaron a la parte rocosa.
¡Tenían solo dos piolet para los tres, y Fredy dejó uno arriba! (¿será costumbre dejar piolet en las cumbres conquistadas?)
Hicieron cumbre en la tarde, tarde ya. Dicen que la vista era espectacular, se veía hasta el mar. Cuando bajaron se les hizo de noche y tuvieron que parar. No les quedó otra que pasar la noche en el ventisquero. Mi abuela Ruth relata:

“Nos amarramos en la única roca que había y ayudados por el piolet de Dorly”

Cuenta mi abuela que jamás había pasado tanto frío. Los Marmillod contaban con  zapatos impermeables y ella no. Dice mi abuela Ruth que fue una noche infernal. Caían rocas de arriba y pasaban al lado de ellos. Ante esto Fredy decía que el sector en que se encontraban era muy peligroso por el constante rodar de rocas por lo que propuso cambiar el lugar de descanso más hacia la izquierda donde había mucho menos lugar para los tres y por lo tanto era tremendamente incómodo. Sentados así en el ventisquero, mi abuela se abrazaba a Fredy. “Apenas despuntó el día le dije, Fredy, nos vamos.

Descendieron muy lentamente ya que mi abuela no sentía sus pies, además los consumía una sed loca… “todavía veo a Fredy derretir agüita de la nieve”.

Al regreso había que bajar una pared vertical, bajó Dorly, bajó a mi abuela y después iba Fredy.

“Fredy hizo un rapel, para bajarme a mí,  dando una vuelta a la única cosa firme que había en el cerro. Me bajó lentamente y después se bajó el mismo. Llegamos al campamento base, dormí y ronqué hasta que me despertaron con un caldo caliente.”

No llegó la gente a buscarlos a caballo y siguieron a pie hasta el Jeep. Se sacaron los zapatos, pero no así mi abuela porque sabía que nunca volvería a ponérselos. Ya en casa se dio cuenta que al meterse en la tina de baño que todas las uñas de sus pies estaban negras, las había perdido todas a causa del frío.

Breve relato de mi abuela Ruth Koch de Franck, una de las que logró llegar a la cumbre del volcán Puntiagudo junto al matrimonio Marmillod en el verano de 1956.

10
Nov
08

Las hijas de Fredy y Dorly Marmillod

mariette-marmillod-y-apiEn mi constante búsqueda de material gráfico (fotografías antiguas), me topé con unas diapositivas de 1962 en que aparece Mariette Marillod. Recordemos que Fredy y Dorly Marmillod tuvieron 4 hijas: Mariette, Françoise, Janine, y Christiane Marmillod (todas nacidas en distintos países), y según lo que me contaba mi madre solamente Mariette y Françoise estuvieron en la ciudad de Viña del Mar, Chile. Testigo de eso, al menos de la estadía de Mariette quedó registrada su participación de ella e casa de mis abuelos maternos en una Fondue, en donde asistieron entre otros Heini Kretchmer y Ernesto Mex. Existen 2 fotos que quiero destacar en donde aparece Mariette sentada frente a un postre (notan el cuadro a su espalda, lo tengo hoy en casa), en otra aparece junto a mi abuelo Carlos. Cuenta mi madre que ciertos familiares masculinos estuvieron “haciéndole los puntos” a Françoise y a Janine (me reservo los nombres por temor a aparecer flotando en el estero Marga Marga). Curiosamente mi madre me comentó que Fredy y Dorly Marmillod nunca estuvieron en Viña del Mar, y que ellos aparecían cada 2 años aproximadamente en Puntiagudo dada sus compromisos deportivos y/o laborales.
Me intriga el hecho que aún no he podido dar con algún registro gráfico de Fredy y Dorly en Puntiagudo salvo las fotografías de 1949 en que aparece retratado Fredy en la cumbre del volcán Puntiagudo.

27
Jun
08

Discurso funerales de Carlos Franck

Se han fijado que cundo uno busca un documento específico no lo encuentra, y después cuando tiene que buscar cualquier otra tontera “misteriosamente”, aparece el dichoso documento…, reproduzco aquí  el discurso leído en Puntiagudo el 7 de Julio (fecha en que Mamita cumplía años) de 1995 por Ricardo Franck Koch con motivo del entierro de su padre, mi abuelo Carlos Franck Uhde en Puntiagudo:

“Querida familia, queridos amigos:
Estamos aquí reunidos para despedir los restos de mi padre Carlos Franck. Es acá en Puntiagudo, ya que así lo quería. Cuando mi padre pensaba en un lugar apacible, era acá en el querido Puntiagudo.

Mi padre llegó acá al conocer a mi madre, hace aproximadamente 60 años. La naturaleza lo cautivó, así como lo había cautivado mi madre, su querida Ruth.

Mi padre nació en el seno de una gran familia siendo el hijo menor. Dicen por ahí que son los mejores. Tuvo una infancia feliz en la quinta de Quilpué y tuvo que crecer como vegetariano, ya que mi abuelo así lo dispuso. Era un fanático del tenis y fue campeón de Viña del Mar a pesar de no haber probado carne hasta los 18 años. su vida de muchacho se interrumpió bruscamente a los 17 años con la muerte de su padre, mi abuelo Rudolf, y sin padre debió trabajar por lo tanto sin ninguna carrera universitaria. Estudió de noche y sacó el título de contador. Entró a la firma MEX en 1934 y llegó a ser Gerente General y luego su presidente, esto logrado por su esfuerzo constante y su tenacidad.

Nada le fue dado, nada se le regaló, de su familia sólo heredó una educción seria y muchos lindos recuerdos. De mi abuelo un hippie de la época, sacó su espíritu poético (1)  y de mi abuela el don del trabajo y de saber pisar fuerte sobre esta tierra.

Cuando se casó en el año 1939 con mi madre, no pudo venir acá a Puntiagudo, ya que había florecido la Quila y los ratones se lo habían comido todo.

Nosotros sus tres hijos crecimos en un hogar ejemplar lleno de armonía. Creo no recordar ninguna discusión seria entre mis padres, era un matrimonio tranquilo, de gran compañerismo.

De niño los fines de semana se salía al aire libre, a pescar, a una fogata donde el jefe preparaba los Rösti con huevos. Para nosotros una infancia plena y llena de lindos recuerdos.
Tanto le gustaba la pesca que mandó a hacer un bote, “El Coliguacho”(2), que estaba en la bahía de Recreo. El salía a pescar a veces a las 5:30 AM, para estar en su trabajo a las 8:00 AM.

Pensando siempre en los demás, Papá comenzó a construir en etapas “La Querencia”. No sólo pensando en él, sino en los hijos y en los nietos. Cada hijo tiene su pieza, los nietos siempre gozaron compartiendo con el abuelo. Los almuerzos y comidas con el “API” eran famosos, ojala la mesa fuera lo más grande posible y estuviera rodeado por todos(3). La Querencia es y será una casa abierta a todos con cariño y generosidad, así lo han querido Ruth y Carlos.

Debo decir esta casa es símbolo del descanso y del relajo, está el trabajo de muchas personas, debo decirlo; del querido don Federico, el padre de Caicha, de don Amador, esposo de la señora Elba y padre de mi tocayo Ricardo. Ricardo, “Chota”, hizo gran parte del ala nueva. Cuando había un problema mi padre decía: “Llamen a Chota, él sabe hacer las cosas”.

Pero más que el trabajo el papá apreciaba cuando las cosas se hacían bien. era exigente, a veces cargante de perfeccionista pero todo lo que exigió a los demás se lo exigía a él también. Su espíritu de autocrítica era inmenso y a veces sufría por esto.

Siempre se apoyó en mi madre, nunca fue un hombre de salud fuerte, más bien frágil, “merengue” como decía la mamá. Su fortaleza le venía del alma, cariñoso, con una generosidad de espíritu envidiable, siempre pensando en los demás. En su fábrica, según me decía un trabajador el Domingo en la misa; el que no tenía casa era porque no lo quería o porque era demasiado flojo.

El papá compró montones de casa para los trabajadores, les ayudó en cada uno de sus problemas, de salud o con los hijos. Por algo en la misa de Viña había tantos subalternos de él y tantos trabajadores. Es que el papá se hacía querer por su armonía por su inmensa simpatía y por su gran sentido del humor(4).  Hasta el día en que falleció estaba haciendo bromas.

Fue consejero magno, siempre pensaba largamente y después de madurar el problema salía a flote su sabiduría y su sentido de justicia. Defensor abierto de sus valores, se debe de haber graneado más de alguna crítica negativa pero creo que al final, nos enseñó a todos los que lo rodeamos, a defender los valores en que creemos, en la LEALTAD, nunca toleró la deslealtad o la hipocresía.

Queridos amigos, Carlos Franck fue para nosotros un hombre ejemplar, para mi un personaje inolvidable. Dejará un vacío enorme para todos, para mi querida madre y para toda la familia. Por otro lado nos dejará un enorme cúmulo de lecciones, de ejemplos y de maravillosos recuerdos.

A mi padre le gustaban las cosas simples de la vida, era conservador en el buen sentido de la palabra. Nunca ostentoso, así salía a pescar en su querida “Cantaria” a la cual Chota o Eugenio le cambiaba año a año las tablas podridas y la calafateaban, como buen perfeccionista no le gustaba que su bote hiciera agua(5).

Cuanto gozaba acá con la pesca, cuando picaba algo decía: “es una  mísera otra vez, una perca, hay que sacarlas para la mami”.

Gozaba mirando los cerros, cuando el Tronador en la tarde se ponía rosado, mirando a través de su ventana los picaflores, pero mas que nada, viendo gozar a los demás, a los nietos, a nosotros sus hijos.

No se daba grandes lujos, manejó durante años un pequeño Volkswagen y después el auto de la compañía. Sus lujos eran sus viajes a Europa, siempre combinados con el trabajo de las ferias de la imprenta en Alemania, a la cual asistía cada 4 años. Mi madre siempre lo acompañaba ya que a la mamá le encanta viajar.

Su vida esforzada lo llevó a aprender inglés sólo. Llegaba a la casa en Recreo con una revista americana que él leía diccionario en mano. Su vocabulario en inglés era enorme(6), su pronunciación desastrosa.

Era entusiasta de todo lo nuevo y así estando de visita en EEUU cuando yo vivía allá, lo convencimos para que saliera a bucear; ¡cómo gozó en Florida viendo los peces de colores en agua son tibias y cristalinas! Acá en el lago sus entradas al lago duraban segundos ya que el agua según él eran un hielo.  Veía con preocupación cuando mami se adentraba al lago; ¡Vigilen a la Mami, nunca aprenderá a nadar cerca de la orilla.

Otra entretención era el Golf en Viña. Pensaba jugar cuando se retirara del trabajo 2 veces por semana. Esto no lo pudo cumplir debido a su enfermedad y demás trabajó hasta el final. El año 1994 cumplió 60 años de trabajo en su empresa. Asistió a las reuniones en su silla de ruedas y su opinión era siempre muy considerada.

Podría decir que nos quería a todos por igual con todos nuestros defectos y cualidades. estaba siempre en su mente nuestro bienestar y el de nuestros hijos. Fue un abuelo con mayúsculas.

Querida familia, queridos amigos, cómo decía el papá con su sentido de humor, después de los ricos almuerzos de Caicha;

Don Carlos Franck, importante hombre de negocios, se retira a sus aposentos privados.

Hoy te retiras papá para descansar en el más allá, nos consuela el que nos dejas inundados de gratísimos e inolvidables recuerdos.”

Notas:

(1) En realidad tenía una memoria extraordinaria; se sabía una gran infinidad de poesías que generalmente recitaba antes del almuerzo o después de comida, yo debo confesar que sólo me sé de memoria “Que linda la fruta en la rama se ve…

(2) Finalmente “El Coliguacho” terminó sus días en Puntiagudo y se ocupaba para los viajes largos y el esquí acuático.

(3) Habían ocasiones en que se contaban más de 12 personas a la mesa más la mesa del “pellejo”.

(4) Debo decir que también nosotros los nietos le jugábamos bastantes bromas al abuelo, sobre todo una muy particular en la que le cosimos lo ojales del pijama. En su apuro de solucionar el problema tijera en mano cortó no solo el hilo que cerraba el ojal, sino que también parte del pijama.

(5) Cada vez que lo acompañaba a pescar, tenía primero que sacarle todo el agua al bote y secar prolijamente todos los asientos, revisar remos, chumaceras, bencina del motor, etc.

(6) Uff, tenía mucho vocabulario del inglés, pero en realidad  mi abuela Ruth siempre le estaba corrigiendo la pronunciación, ya que, sí, era realmente desastrosa.




Comentarios

Francisco Reusser Fr… en En la cumbre del volcán Puntia…
Sebastián Fischer Br… en En la cumbre del volcán Puntia…
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"Las personas que nunca se preocupan por sus antepasados jamás mirarán hacia la posteridad."

Edmund Burke (1729-1797) Político y escritor irlandés.