La tradición oral (el relatar verbalmente acontecimientos) hoy en día es una pesadilla que aún se practica para desgracia de las futuras generaciones. Sufre de constantes cambios y errores que se van acumulando y agrandando (al igual que una bola de nieve), por lo que, lo ideal es dejar plasmadas en papel muestras historias familiares para que quede un registro escrito de ellas. Personalmente he sufrido de estos “errores” y “lagunas históricas familiares” y el trabajo de investigar algún acontecimiento familiar es sumamente engorroso y lento, hay que rescatar viejos documentos y sonsacar recuerdos familiares (a veces no gratos), por lo que el trabajo es lento y engorroso por razones obvias. (Ver la “La memoria de los muertos” con Robin Williams).
De los relatos anteriores sobre las ascensiones al Puntiagudo tuve la buena suerte de hallar antiguas fotografías (¿Por qué no fechan y les ponen nombres a las fotografías?) familiares que corroboran y dan testimonio de un hecho dado, en otros casos he tenido que acudir a la buena memoria de abuelos y padres para intentar refrescar algunos recuerdos de infancia.
Personalmente creo que cada uno debería llevar un registro de aquellos hitos importantes de su vida, una especie de “diario de vida” para legar sus recuerdos a las futuras generaciones.
“No hay historia sin memoria, no hay vida sin memoria.”